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María Ascención Ramos Bracamontes

(pronombre: ella)

Soy una enfermera partera certificada e indígena mexicana que vive en Watsonville. Nací en mi casa en el territorio Coca de Ayotitlán, Jalisco, y me crié en Ayotitlán y en los llanos de playa del territorio costero de Awaswas, llamado Aulinta, ahora conocido como Santa Cruz, California. Soy la madre de tres ángeles de la tierra. Los dos últimos nacieron plácidamente en casa debajo del agua.

Mi conciencia sobre el racismo y la discriminación se desarrolló cuando era una niña que cruzaba la frontera y crecía sin documentos. Las semillas de mi camino como partera fueron plantadas en mi útero y corazón a los siete años cuando mi madre, una trabajadora agrícola, murió durante el parto de su duodécimo hijo. A los 19 comencé mi viaje hacia la sanación y la justicia procreativa cuando mi hermana de 17 años dio a luz siendo adicta a la heroína y el sistema volvió a separar a mi familia.

El sufrimiento y la destrucción en mi vida, mi comunidad y el planeta son causados por narrativas patriarcales y supremacistas blancas. Sólo las formas indígenas originales que enseñan a cuidar la vida nutrirán, sustentarán y restaurarán la salud y la armonía en el mundo. Vengo de un linaje ininterrumpido de personas que saben vivir en ceremonia y reciprocidad. Al revitalizar las prácticas indígenas en el parto y curación, tenemos la oportunidad de preservar lo sagrado de la humanidad y la vida.

Ser una partera embarazada durante la pandemia y laborar con trabajadoras agrícolas indígenas e indocumentadas me dio el coraje de presentarme directamente, de útero a útero, en mis propios términos, para crear Justicia de Úteros Campesinos, un proyecto de ayuda mutua que brinda kits para el cuidado del útero, equipo de protección personal y hierbas medicinales para campesinas. Mi visión es adquirir tierras para una comunidad indígena autónoma, autosuficiente y dirigida por campesinas que practiquen la medicina indígena y prospere libre de la violencia patriarcal y la opresión sistémica.